El coito no es suficiente

Cuando hablamos de relaciones sexuales, de perder la virginidad, de encuentro sexual, a nuestras cabezas acude la idea de dos personas (generalmente hombre y mujer) practicando la penetración. Es más, sin ser muy conscientes, consideramos que un encuentro sexual ha finalizado satisfactoriamente cuando la persona con pene ha experimentado un orgasmo y ha eyaculado.

Solemos asociar la penetración con el “plato”o elgrupo principal”, mientras que a cualquier otro tipo de práctica erótica, sensual, estimulante o sexual se le otorga la categoría de “entrantes” o “teloneros”… los mal llamados “preliminares”. Entonces, cuando masturbamos o nos masturba otra persona ¿no hemos tenido sexo?, ¿podemos practicar y recibir felaciones, cunnilingus, penetración anal, petting, masturbarnos, lamernos y acariciarnos de arriba a bajo y seguir siendo “vírgenes”?

La penetración no es necesaria, ni suficiente

Otorgarle tal protagonismo a la penetración en nuestras prácticas sexuales es muy reduccionista y puede llevarnos a entender nuestro placer de una forma simplista y limitada.

Las problemáticas por las que alguien pide ayuda sexológica profesional están totalmente ligadas con la idea de cumplir en el coito (porque no aguanto suficiente tiempo durante la penetración, porque no consigo una erección satisfactoria para poder penetrar, porque me duelen los genitales durante la penetración, porque no me apetece el coito,…)

Por supuesto que trabajamos cómo solucionar estas problemáticas, pero también incidimos y reeducamos en una cuestión primordial: El coito es o puede ser maravilloso, pero no es la única manera de disfrutar de nuestro cuerpo y del de nuestra pareja.

Creados para el placer

Nuestros cuerpos están diseñados, milímetro a milímetro, para recibir información. Esto quiere decir que podemos sentir, tanto dolor como placer, a través de cada una de nuestras células.

Podemos ser estimulados y sentir placer a través de nuestros sentidos:

  • VER una escena erótica, provocadora o insinuante despierta nuestro deseo y, desde ese mismo momento, ya estamos sintiendo placer, ya puede ser suficiente. (imágenes, dibujos, vídeos, esculturas, un baile sensual, una ropa sexy,…)
  • ESCUCHAR palabras que nos ponen a cien, los gemidos que provocamos en nuestra pareja, una música sensual, la fricción y choque de los cuerpos…
  • OLER nuestras pieles, nuestros fluidos, aromas estimulantes…
  • SABOREAR nuestros cuerpos.
  • TOCAR y SENTIR EL TACTO en cada zona y recoveco de nuestra piel.

Y a todos ellos le podemos añadir nuestra IMAGINACIÓN. Con ella podemos recurrir a todo lo que ya hemos experimentado de forma placentera mediante su recuerdo y, además, contamos con la posibilidad de añadir y crear contenido nuevo mediante la creación de fantasías sexuales. Cultivar nuestro imaginario erótico es fundamental para despertar y mantener vivo el deseo sexual.

El autoconocimiento como paso previo

Para relacionarnos con el mundo que nos rodea de una manera consciente y responsable, lo principal es conocernos a nosotros mismos. De este modo nos respetaremos y seremos capaces de aprovechar mejor los recursos, consiguiendo experiencias positivas y enriquecedoras.

Esto mismo sucede con nuestro placer sexual. Si no experimentamos con nosotros mismos y tratamos de ver qué nos gusta y cómo nos gusta, dejamos en manos de la otra persona nuestro placer. Podríamos decir que echamos a suertes nuestros encuentros.

Es importante saber cómo nos gusta ser tratados para poder transmitírselo a los demás. Para ello cobra una gran importancia la comunicación. En las relaciones esporádicas o iniciales por la falta de conocimiento y en las de larga duración para no caer en la monotonía y actualizar los posibles cambios de gustos, apetencias y sensibilidades.

¿Cómo podemos ampliar nuestro repertorio sexual?

Una vez tenemos claro que el sexo no se centra únicamente en la penetración, que tenemos un sinfín de posibilidades de experimentar placer en nuestros cuerpos y que conocer nuestras zonas sensibles nos facilita la experiencia sexual,

Escrito por: Inma Ríos (psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja)

Foto: Pixabay.

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