No quiero tener hijxs

Si nos preguntaran cuál es el desarrollo de vida ideal de la gran mayoría de personas (no el propio, si no el más compartido por la sociedad), el 99% de las respuestas sería: encontrar una profesión de provecho, compartir mi vida con una persona amada y tener hijxs.

También calaron mucho en nuestra cultura las palabras que el poeta cubano José Martí nos dejó: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”.

Durante demasiado tiempo se ha otorgado a la mujer la responsabilidad de ser madre, como su único cometido, perdiendo cualquier derecho (de los pocos que disponía) y siendo repudiada si no lo hacía (a no ser que se consagrara a Dios)

Cuando los métodos anticonceptivos no eran de uso público y no gozaban de buena reputación, no quedarse embarazada era más complicado.

En épocas poco boyantes, traer niñxs al mundo era una manera de tener mano de obra barata y ayuda en las tareas de casa. Del mismo modo que era una forma de asegurarse una vejez tranquila, con el cuidado de estx.

Total, que por una cosa u otra, siempre se ha visto como esperado el tener descendencia, mientras que el no hacerlo se entendía como una actitud egoísta y hippy, o como una tara en esa mujer que es estéril y yerma. Si esa mujer, además, tampoco decidía compartir su vida con un hombre, ¡apaga y vámonos!

Aún hoy, a la sociedad le cuesta entender que tener hijxs puede ser una elección igual de válida que no tenerlxs, que se puede vivir sin la necesidad de trascender a través de otro ser humano, a modo de legado (“Tomad, yo me voy, pero aquí os dejo a estx”), como si fuera la muestra de mi buen hacer, o como bardo que mantenga vivo mi recuerdo.

Cada vez son más las mujeres y hombres que se sienten libres para vivir felizmente (o no, puesto que la felicidad no depende de este hecho) con su elección de no tener hijxs sin ser excluidxs, reprobadxs ni incomodadxs, aunque la eterna pregunta de “¿Para cuándo un bebé?” o “¡Se os va a pasar el arroz!”, entre muchas otras del estilo, no dejan de aparecer por aquí y por allá, sin mala intención, pero con poca habilidad. Yo misma me he visto internamente reteniendo frases similares, al más puro estilo de mátrix, esquivando los imputs cerebrales que perseguían llegar hasta mi lengua.

Necesitamos menos esquemas preestablecidos, más actitud de escucha, más comprensión y más habilidades sociales para entender que cada unx tiene una manera de realizarse, de vivir, y que nuestros esquemas e ideales son personales e intransferibles. Que yo no entienda mi vida sin ser madre no quiere decir que esa satisfacción sea vivida de igual modo por el resto de personas, ni que vaya a ser incapaz de encontrar mi bienestar si no consigo mi objetivo, ni siquiera que vaya a ser esplendoroso conseguirlo.

Escrito por: Inma Ríos (psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja)

Imagen: Pixabay.

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