Fibromialgia

La Sociedad Valenciana de Reumatología define la fibromialgia como “un trastorno crónico que se manifiesta por dolor generalizado y otros síntomas que no pueden ser objetivados mediante las pruebas complementarias utilizadas habitualmente en medicina.” Entre el 2 y el 4% de la población adulta la padecen y estadísticamente afecta a más mujeres que hombres y sus causas se desconocen.

Sus síntomas son, en función del grado, bastante limitantes y afectan a varios niveles:

    • Físico → Dolores musculares y de articulaciones, dificultad para dormir, dolor de cabeza, problemas estomacales e intestinales, fatiga,…

    • Sensorial → Se desarrolla una hipersensibilidad a los ruidos, la luz, el calor y el tacto.

    • Cognitivos → Dificultades en la concentración y en la memoria.

    • Emocional → Desesperanza ante la inexistencia de una cura y ante la certeza de la agudización de sus síntomas, irascibilidad e impotencia ante la dificultad a la hora de realizar tareas cotidianas, depresión, ansiedad, miedo e incertidumbre.

    • Relacional → El mal humor e irritabilidad generados interfieren en la calidad de las relaciones y las molestias que les pueden producir ciertas actividades grupales, así como la dificultad de seguir varias conversaciones, les hace recluirse y distanciarse de las personas que les rodean.

Estas características no se dan todas a la vez ni en todas las personas que padecen esta enfermedad. Cada caso sigue un ritmo propio, pero lo que sí es característico en todos ellos es que conlleva un cambio significativo con su vida antes de desarrollar la sintomatología de la fibromialgia. Este importante factor influye en mayor medida cuanto más joven se es.

Su cronicidad dota al tratamiento de intención paliativa y necesita de un enfoque multidisciplinar con fisioterapia, masajes y ejercicios, con medicación para el dolor (en ocasiones también psiquiátrica), seguimiento y terapia psicológica, participación en grupos de apoyo, psicoeducación del/la paciente y de sus familiares para que le brinden el apoyo necesario y descanso.

La inexistencia de pruebas fehacientes ha generado siempre mucha controversia sobre la credibilidad de las personas que verbalizan sus síntomas, lo que añade presión social y no facilita en absoluto la obtención de ayudas laborales ni médicas.

Se trata de una enfermedad con muchos frentes abiertos y que suele provocar un importante duelo en aquellas personas que la padecen. El tratamiento psicológico se centra en la aceptación de la nueva situación, en la reducción de la sintomatología ansiosa y depresiva, en la adquisición de hábitos saludables de higiene del sueño, en la expresión emocional y en el trabajo de la asertividad y habilidades sociales.

Escrito por: Inma Ríos (psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja)

Imagen: Pixabay.

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