Mama

Este domingo fue el día de la madre. Un día de la madre extraño por todo esto del confinamiento, pero más raro para mí y mi familia porque coincidió con el primer aniversario de la pérdida de mi madre.

Es extraño como se desvirtúa la figura e imagen de una madre cuando la tienes cerca (hablo desde mi propia experiencia. No quiero generalizar nada de lo que voy a decir. De hecho, todo este post es puramente subjetivo y personal)

Mi madre me tuvo con 36 años, cuando mis hermanxs contaban casi con 12 y 11 años cada unx. Ni se me buscaba ni se me esperaba en esa casa y, aunque mi madre sentía vergüenza por lo que pudieran pensar al verla embarazada a los pocos meses de faltar su madre, siempre que en mi casa se ha hablado de mi llegada al mundo y a sus vidas, lo han hecho con una sonrisa. Mi madre amortiguaba su pena con las tareas y alegría que le deba mi yo infantil, mi hermano jugaba conmigo y mi hermana me cuidaba y se encargaba de mi con toda la responsabilidad que tenían antes (se les daba a) lxs adolescentes.

La adolescencia fue otro cantar. Mis hermanos independizados, mis padres más mayores y yo, aunque siempre he sido buena chica y no he dado muchos quebraderos de cabeza, me creía por encima de mis padres. Entonces era yo la que sentía vergüenza si mi madre me acompañaba a los sitios. Le hablaba con desdén y sentía que no decía más que tonterías, pero ella siempre estaba allí. De vez en cuando le pedía ayuda a mi hermana, que me “manejaba” más fácilmente, porque ella me parecía “super guay” y porque tampoco iba a dejar que me pasara ni un pelo, pero mi madre me protegía, se preocupaba de que no me faltara nada, confiaba en mí y no dejaba de demostrarme lo orgullosa que se sentía de mí. Ni en cien vidas podría devolverle todo el amor que me demostró.

Entonces volé del nido y tuve mis propixs hijxs, consiguiendo entender un poco lo que yo pude significar para mi madre. Ese amor, esa responsabilidad y ese miedo, pero seguía volcando en ella parte de mis frustraciones….y ella seguía allí. En esos momentos recurría a mi marido para que lidiara conmigo igual que lo hacía con mi hermana cuando era más pequeña.

Y entonces, sin que nadie pudiera esperárselo, se cayó de la vida….y yo estaba en shock, pero ella ya no estaba allí. Y ahora es cuando realmente puedo sentir todo ese amor que me dio. Es ahora cuando puedo comprender lo importante que ha sido en mi vida y cuánto le debo de lo que soy y he conseguido.

No hemos podido tener mejor madre y doy gracias por todos los momentos tiernos y divertidos que hemos vivido a su lado.

Echo de menos, y al mismo tiempo me reconforta, el recuerdo de sus canciones al oído mientras me mecía en el balcón en las noches de verano, quedarme dormida en el sofá apoyada en su pecho, sus expresiones vehementes, que entrara a mi cuarto con un plato de fruta pelada y troceada para merendar mientras estudiaba, bailar en la cocina, sus achicharrantes infusiones para ir a dormir cuando me dolía la garganta, sus “chis chas”, su “minimalista” manera de montar el árbol de Navidad, su peculiar y constante manera de limpiarse la boca, el olor a paella y limpiabaños de los domingos,… tantas cosas, mama…

Escrito por: Inma Ríos (psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja)

Imagen: Mi madre sujetando mi mano cuando tenía poco más de un año (1982)

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