El trauma

Esta semana os preguntaba por redes sociales qué situaciones se habían quedado marcadas en vosotrxs y os seguían afectando a día de hoy. Las respuestas han sido muy variadas y todas de índole dolorosa. La clave está en cómo entendemos la palabra “afectar”. Solemos darle una connotación negativa, a pesar de tratarse de una expresión neutra. Las situaciones nos afectan siempre y cuando produzcan en nosotrxs cierto efecto y este puede ser positivo o negativo.

La OMS define el trauma como “un acontecimiento estresante o situación (tanto breve como prolongada) de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, que podría causar un profundo disconfort en casi todo el mundo”. En esta definición queda patente que las situaciones no son traumáticas por sí mismas. Aunque podemos entender que existen vivencias con una alta probabilidad de ser vividas de forma traumática, ésta consideración depende de la interpretación de cada persona. Existen casos de abusos sexuales en niñxs en donde estxs no reflejan sintomatología ninguna de trauma, puesto que no lo han interpretado como una situación amenazante ni dolorosa, por mucho que nos cueste ponernos en esa situación.

No todo el mundo vive igual una enfermedad, un accidente, una pérdida o una ruptura sentimental. Es más, una misma persona puede enfrentarse y verse afectada de formas muy distintas a situaciones muy similares en diferentes periodos vitales. El haber experimentado un acontecimiento similar con anterioridad nos otorga herramientas para superarlo más efectivamente, del mismo modo que reduce la afección por la incertidumbre de la situación.

El problema viene cuando ese trauma no se supera e integra en nuestra vida adecuadamente. Si sucede esto puede que sea a través de una cronificación de los síntomas (ansiedad generalizada, depresión, irritabilidad, impulsividad,…) o quede latente de forma oculta, dándonos la falsa sensación de estar superado, pero con la potencialidad de reactivarse ante algún acontecimiento parecido o que despierte alguna de las emociones que provocó el incidente primero. Esta última forma suele darse cuando no nos damos tiempo y espacio para sentir, para expresar nuestro dolor y reajustar nuestra vida, expectativas y día a día a la situación post-trauma. Es posible creer haber superado satisfactoriamente un aborto, pero desarrollar, al cabo de los años, un dolor intensísimo ante el aborto de una compañera.

Todo lo que estamos viviendo en tiempos de COVID-19 puede afectarnos de muy diferentes maneras. Lo que sí queda claro es que no va a pasar de forma inadvertida para nadie. Quienes ven sus vidas reajustadas, quienes pierden trabajos, quienes renuncian a sueños, quienes pierden a seres queridos, quienes se enfrentan al virus de forma directa o indirectamente, quienes aprovechan el tiempo, quienes se ven superadxs,… Cada persona tiene sus propias circunstancias, pero es importante escucharnos, ver cómo nos está afectando todo esto, qué sacamos en positivo y en negativo, qué necesitamos para sentirnos mejor, qué hemos probado y funciona y qué no, pero sobre todo, ser capaces de pedir ayuda si la requerimos.

Ante un trauma es importante el trabajo para recuperar la sensación de seguridad, sentirse protegidxs, trabajar sobre el recuerdo doloroso (en la medida de lo que sea posible) y gestionar un duelo adaptativo.

Escrito por: Inma Ríos (psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja)

Imagen: Pixabay

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