La privacidad de nuestrxs hijxs

La relación que madres y padres construimos con nuestrxs hijxs parece tan natural, instintiva y necesaria, que da la sensación de no tener que hacer ningún esfuerzo.

Muchxs diréis: “¿¡Pero qué estás diciendo!?”. Cuando digo “sin esfuerzo” no me refiero a que se trate de un camino de rosas sin espinas. Criar y educar hijxs requiere tiempo, paciencia, quebraderos de cabeza, muchos sacrificios (sin sangre, por favor) y muchas más satisfacciones.

Al hablar de “esfuerzo” me refiero a aquel que se centra en una autocrítica constructiva, sin dar por hecho que todo lo que hace un padre o madre está bien hecho per se. Hacemos lo mejor que creemos, no lo mejor que podemos, ni lo mejor para nuestrxs hijxs siempre. Nos equivocamos (miles de veces) y el ESFUERZO real que debemos hacer es el de rectificar.

Y una de tantas situaciones que evolucionan en nuestra relación padre/madre-hijx es la de la privacidad que demandan.

Cuando son bebés, la privacidad no existe para ellxs, tenemos que tenerlxs controladxs en todo momento porque un bebé humano es incapaz de sobrevivir sin esta supervisión y cuidado. Durante la primera infancia siguen muy apegadxs a nosotrxs porque somos su referente. Poco a poco se van diferenciando como seres únicos y empiezan a disfrutar de su autonomía, incluso la buscan, pero siguen sintiéndose cómodxs con nuestra supervisión. Entonces llega la temida adolescencia (incluso antes) y comienzan a incomodarse con nuestras intromisiones, esas que hacemos ya de forma natural, sin pensar, porque siempre lo hemos hecho, pero ahora que nos las vetan, las hacemos de forma más consciente, buscando algo… ¿el qué?

Muchas veces queremos que nos lo cuenten todo, que se expresen emocionalmente, que nos pidan ayuda, que seamos su fuente de inspiración y conocimiento…..uy, me agobio de solo escribirlo… pero llega un momento en el que no se ven reflejadxs en nuestra imagen, en el que necesitan experimentar(se) a otros niveles y, al igual que nosotrxs en su día, sentir que algo les pertenece, su libre albedrío. Y cuan importante es para su autoestima, autonomía y destrezas.

Existen ciertas actitudes y valores importantísimos para ajustarse a este etapa evolutiva de la relación madre/padre-hijx donde la privacidad cobra un matiz más adulto.

Cómo se haya estado trabajando y creando la confianza mutua es fundamental, así como el estilo comunicativo de la familia. Por tanto, el “esfuerzo” del que hablaba inicialmente se ve reflejado aquí en el hecho de crear unos “cimientos” sólidos desde el principio, con una estructura fuerte y flexible al mismo tiempo, capaz de adaptarse a los cambios.

Con esto no quiero decir que si no tenemos esa confianza ya, no hay nada que hacer. En absoluto, pero sí es cierto que si el esfuerzo no se ha ido aplicando poco a poco desde el inicio, ahora va a costar un poco más, pero siempre podemos aprender y mejorar como madres y padres.

No dar por hecho que lo sabemos todo es el primer paso para ser mejores.

Escrito por: Inma Ríos (psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja)

Imagen: Pixabay

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