Volverse a enamorar

Ahora que se aproxima San Valentín, encontramos miles de odas comerciales al amor. Sobre todo al amor en pareja, pero cada vez más, y ¡me encanta!, al amor propio (no te pierdas el artículo que escribí sobre esto: “¿De qué va eso del amor propio?”)

Se proclama una visión única del amor, en su vertiente más romántica, pero el amor se puede vivir de taaaaaantas maneras. Algunas de estas formas de amar pueden ser dañinas (hacen que uno o todos los miembros de la relación se vean limitados, controlados o sufran dentro de esta dinámica); también existe el amor platónico; el amor no correspondido; el amor a distancia; el amor romántico del inicio de una relación (fase de enamoramiento); el amor maduro; el amor vacío; …

Además, todas estas formas de amar van evolucionando, mutando de una a otra por la experiencia y por lo aprendido.

Cada vez que rompemos un vínculo amoroso y generamos otro, nunca será igual porque no partimos del mismo punto y las condiciones y la manera en la que nos enfrentamos a ellas son diferentes.

Volver a enamorarse genera sentimientos encontrados al principio. Nos puede generar miedo, pereza o ilusión, o todo a la vez. Sobre todo cuando no hace mucho tiempo de la ruptura anterior.

Miedo a volver a cometer los mismos errores de relaciones pasadas, a volver a pasar por malas experiencias, a no cumplir con las expectativas propias o ajenas (con los años suele aumentar nuestra seguridad, pero puede que se vea mermada en algunos aspectos más físicos)

Pereza de empezar de nuevo cuando hemos invertido mucho tiempo y esfuerzo en otra relación. De pasar por etapas que consideramos superadas.

Ilusión de volver a esa fase de enamoramiento (mariposas en el estómago y sexo desenfrenado a cascoporro) que, probablemente, tanto se echaba de menos. También ilusión por la oportunidad de desarrollar la relación que tanto buscabas.

Todas estas expectativas se basan en sentimientos totalmente normales en esta situación. Persiguen la función de protegernos, pero no son más que eso, expectativas. La realidad puede que nos defraude, pero no quiere decir que sea una mala experiencia.

Volver a enamorarse es una experiencia más, lo que hagas en ella está en tus manos. Se dueñx y agente activx de tus propias vivencias. De este modo, seguro que saldrás fortalezidx de cualquier situación.

Escrito por: Inma Ríos García (psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja)

Imagen: Pixabay.

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