Cómo duele un duelo

Todxs, a lo largo de nuestra vida, nos enfrentamos a varios duelos y ninguno es igual a otro. Todo va a depender de varios factores:

– La naturaleza de la pérdida → Si se trata de la muerte de una persona, de una enfermedad o problema físico (amputación, enfermedad crónica o degenerativa,…), de una ruptura sentimental o afectiva (familiar o amistad), de una pérdida material (casa, coche, recuerdos,…), de un despido laboral, de un proyecto de futuro (no poder estudiar lo que se desea, no poder tener hijos,…)

– Nuestra relación-apego con esa pérdida → Cuán necesarix nos era, los sentimientos que nos despertaba,…

– La forma en que lx hemos perdido → De forma natural, repentina, traumática,…

– Nuestra historia previa → Nuestra salud mental y estado emocional, los duelos anteriormente vividos,…

– Nuestras variables de personalidad → Edad, género, forma de enfrentarnos a las dificultades, nuestro estilo de apego, nuestra visión del mundo, nuestra autoestima, creencias y valores.

– Nuestro contexto y relación con él → Nuestro apoyo social percibido y real, nuestros roles sociales,…

– Las tensiones añadidas → Los problemas o dificultades que su pérdida nos ocasiona, si se suman varias pérdidas a la vez,…

A pesar de la gran cantidad de combinaciones posibles que se pueden generar con estos factores, todo duelo por una pérdida puede facilitar, en mayor o menor medida, una serie de emociones y de tareas que superar para alcanzar el bienestar.

Nuestro dolor lo podemos expresar con sentimientos de tristeza, ira, culpa, remordimiento, ansiedad, soledad, cansancio, indiferencia, desamparo, confusión, añoranza, alivio, insensibilidad, incredulidad, preocupación,… y, conforme vamos desarrollando nuestro duelo, estas emociones cambian y evolucionan. Si este proceso nos hace ir adaptándonos a la nueva situación podemos hablar de un duelo al uso, pero si estas emociones se quedan estancadas o evolucionan a peor, nos podemos encontrar ante un duelo complicado.

Algunas personas manifiestan trastornos del sueño, de la alimentación, conducta distraída, retraimiento social, sueños recurrentes con el ser fallecido, evitar recordarle, buscarle, hiperactividad, lloro incesante, alucinaciones,… Existen muchas maneras de manifestar el dolor por la pérdida y todas ellas válidas siempre y cuando sirvan para superarse.

J. William (2018) describe cuatro tareas básicas para adaptarse adecuadamente a una pérdida:

– Tarea 1 → Aceptación emocional e intelectual de la pérdida. Los ritos funerarios y de despedida son clave en esta tarea.

– Tarea 2 →Elaboración del dolor de la pérdida. Para ello, es fundamental permitirse sentir, expresar el dolor y hablar de él.

– Tarea 3 → Adaptación a un mundo donde no se halle lo perdido. Dotar de significado la pérdida, replanteamiento de roles y de cómo nos vemos a nosotrxs mismxs y al mundo ahora

– Tarea 4 → Posicionar al o a lo perdido de forma adecuada para seguir con nuestra vida.

Todo duelo genera cambios y cada unx tiene su propio ritmo. Querer acelerarlo o negarse a avanzar puede ser perjudicial a la hora de adaptarse a la nueva situación. Pedir ayuda profesional te puede liberar de la incertidumbre y servir de guía para sentirte bien aunque las cosas hayan cambiado.

Escrito por: Inma Ríos (psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja)

Foto: Pixabay.

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