¿Es buena idea visitar al bebé en el hospital?

Cuando nace un bebé se siente la necesidad de conocerlo, de darle la enhorabuena a los padres, de hacerles un regalo y no resultar descortés, pero ¿cuándo es conveniente hacer esa visita?. Están los que siempre van al hospital, los que se esperan a que lleguen a casa, los que lo hacen todo a distancia y los que dejan que el encuentro sea fortuito. Todas estas opciones son muy personales y no dudo que se hagan con la mejor de las intenciones, pero ¿a quién se pretende satisfacer a la hora de elegir una opción u otra? Hay que reconocer que la decisión tomada responde a una necesidad personal, “me siento mejor haciéndolo así” o “en mi familia es tradición de esta manera” o el genérico e indiscutible “esto se hace así porque sí”, y no se tiene en cuenta ni el gusto o necesidad de la nueva familia.

Es importante entender que la estancia en el hospital no es el “chalecito” nuevo al que hay que ir a ver. Allí se está para controlar las primeras horas de vida del bebé, realizar las pruebas necesarias tanto a éste como a la madre, asegurarse de que todo está correcto para poder volver a casa e instruir en los primeros cuidados de la criatura. Todo en un lugar seguro y TRANQUILO, donde madre y bebé puedan descansar y recuperarse del parto. Allí tienen lugar momentos decisivos y muy emotivos, creándose el vínculo madre-hij@.

Las personas que deben estar en el hospital deben hacerlo como figuras de apoyo y no para cumplir. Deberían ser las mínimas y de confianza máxima de la madre, coordinándose entre ellas para descansar y no dejarles a solas. De este modo, se favorece la intimidad (no todo el mundo se siente cómodo dando el pecho delante de gente), la despreocupación por la apariencia (la bata del hospital no es que sea muy discreta), la expresión emocional (son momentos de miedo, inseguridad y ternura) y la interconexión, permitiendo que el bebé esté el máximo tiempo en contacto directo con la madre (y no en miles de brazos) y ésta se centre en él. A todo esto hay que unir la posibilidad de que la habitación sea compartida, por lo que hay que contar con la intimidad de la compañera también.

Los primeros días en casa suelen ser difíciles. Hay que crear unas rutinas, todavía no se han recuperado del todo y no es momento de atender visitas, de tener la casa impecable ni de estar disponible a cualquier hora.

Mi recomendación es hablar con la nueva familia y establecer el momento y la manera más oportuna de verse, entendiendo que cada persona tiene unas necesidades y circunstancias. Así se puede disfrutar de la visita, incluso resultar de ayuda.

Escrito por: Inma Ríos (psicóloga perinatal, sexóloga, terapeuta de pareja y adicciones)

Foto: Yo misma con Ferran.

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